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A los niños se les enseña la Leyenda Negra

Jesús Ángel Rojo, esta semana durante su visita a Sevilla. / Pepo Herrera

‘Cuando éramos invencibles’ compendia las victorias militares españolas. ‘Los invencibles de América’ es la reivindicación sin complejos del Descubrimiento. El autor recuerda en Sevilla cuál es su misión: devolver al español el orgullo de serlo.

Títulos en letras doradas, una impecable edición, bellamente ilustrados con pinturas de Augusto Ferrer-Dalmau, guardas cuidadas… La solemnidad lo impregna todo en Cuando éramos invencibles y en Los invencibles de América, dos libros de la editorial El Gran Capitán donde el autor, Jesús Ángel Rojo Pinilla, sostiene sin sonrojo la tesis de la grandeza de España, y a los hechos se remite.

—Da la sensación de que ahora lo que toca es insultar a España y su huella en el pasado de otros pueblos. Me gustaría saber qué le parece esta imperante corriente de opinión según la cual fuimos unos genocidas.

—Lo primero que hay que decir es que nunca existió un genocidio en América por parte de los españoles sino todo lo contrario, se realizaron leyes para proteger a los indígenas y se produjo la mayor unión de razas y culturas de la historia.

Esta corriente, encabezada principalmente por resentidos sociales, vinculados con el indigenismo radical y el populismo de nuevo cuño, tiene dos objetivos principales: primero, destruir la historia y la cultura de la nación de la Madre de América y segundo, saben que destruyendo la identidad de España destruyen las bases donde se sustentan nuestros países hermanos. En definitiva, son conscientes de que destruyendo la identidad de España destruyen la de Hispanoamérica y de esta forma venden sus ideologías totalitarias que, por lo general, no llegan a buen puerto.

Imagino que conoce los deseos de ciertos sectores catalanistas de quitar el monumento a Colón en Barcelona y sustituirlo por alguna otra figura indígena americana.

–Un esperpento más de los señores de la CUP. Esta gente basa su pensamiento en el odio y la ignorancia. El odio a todo lo que se refiere a España y la ignorancia de su propia historia. Habría que explicarle que antes de llegar los españoles a América la mayoría de los pueblos indígenas practicaban el canibalismo y realizaban sacrificios humanos. Los ignorantes no saben que quieren homenajear a unas civilizaciones que comían carne humana y mataban a millones de personas para satisfacer a un dios de sangre.

Asigna usted a Hispanoamérica estatus de nación. ¿Efectivamente tuvo consciencia de ser tal cosa en algún momento de su existencia? ¿Alguna vez se se estuvo cerca de forjar esa nación única hispanoamericana?

–Durante más de 300 años se sembraron los pilares de una gran nación hispanoamericana. Por desgracia, los grandes enemigos de España a principios del siglo XIX (Inglaterra y Francia) supieron balcanizar, por medio de sus agentes, lo que en esos momentos se concebía como la Gran Comunidad Hispánica o, mejor dicho, la Gran Nación Hispano-Americana.

Empecemos por la definición de nación: una comunidad humana con ciertas características culturales comunes, a las que dota de un sentido ético-político.

A principios del siglo XIX en Hispanoamérica ya existía una cultura común, instituciones políticas y jurídicas que unían a diferentes pueblos y, por supuesto, dos elementos esenciales como es la lengua y sobre todo los lazos de sangre que unían a España y América. Después de dos siglos donde se rompieron los lazos políticos seguimos compartiendo lo más importante: la sangre por medio del mestizaje, la cultura y la lengua.

Su anterior libro, Cuando éramos invencibles, es todo un revulsivo contra el complejo de ser españoles. Quizá sea cierto eso que dicen de que los españoles nos avergonzamos terriblemente de serlo. ¿A qué atribuye ese sentimiento, ese complejo, caso de ser cierto? ¿Se debe a lo que nos han inculcado o es resultado de nuestra propia experiencia?

–El complejo de inferioridad viene principalmente de que desde pequeños nos enseñan los desastres nacionales y nos ocultan a los grandes héroes que formaron uno de los imperios más importantes de la historia universal. En estos momentos en las escuelas se les enseña a los niños la Leyenda Negra. Con estos antecedentes es muy difícil que la gente se sienta orgullosa de su país.

A todo esto hay que sumar las continuas agresiones que sufren los símbolos de todos los españoles sin que la justicia y el gobierno actúen. Ha llegado el momento en que la sociedad civil salga de su letargo y levante la voz ante tanta desidia que demuestran nuestras autoridades.

Valentía, gallardía, generosidad, fortaleza… son valores que aparecen en su nuevo libro, asociados a los personajes más eminentes de la conquista americana, y que se antojan en desuso en los tiempos actuales. ¿Cree que se han perdido definitivamente?

–Gracias a Dios, no. Pero sí están calando en nuestra sociedad los anti-valores que nos presentan determinadas televisiones y que se acentúan todavía más en nuestra clase política.

¿Qué opina de la situación política que se está viviendo en España, con líderes inconsistentes, partidos a la deriva, incapacidad para el acuerdo, tendencias separatistas?

–Por desgracia, en España no tenemos estadistas que gobiernen no sólo para esta generación sino para las venideras. En muchos casos son las personas más mediocres de nuestra sociedad quienes ocupan los más altos cargos políticos y esta circunstancia sólo tiene una consecuencia: la actual situación política española.